30 sept. 2012

MI BOTECITO DE PAPEL


                                            
  MI BOTECITO DE PAPEL
 
                                                               MI BOTECITO DE PAPEL
                                                           Todo crece, o aspira a crecer
Todo adelanta, o aspira a mejorar;
Todo es esencia o al menos quiere ser el pétalo de la rosa
Todos somos así, porque fuimos creados para crecer…
Yo hice un botecito con una hoja de un viejo
Y mal usado periódico independiente,
-(Rebelde, fuerte en sus opiniones libertarias, enemigas de todas las reglas, -ética, moral y sociales a las que pretendía substituir con las propias suyas, por erróneas que las suyas fueran, y por mucho que contravinieran su convivencia en sociedad, familia y amor)- sin ponerle yo  otro nombre que los suyos, ni otras leyes que la vida…
Solo me interesaba verle navegar… fuera del agua, -(el papel no es muy bueno como flotador)- lo puse sobre un estante en la pared para decorar mi despacho, y me dediqué a escribirle poemas.
Miré las canciones antiguas que dicen de botecitos, caminé por las playas, los ríos y los muelles,
Visité los museos y recorrí los astilleros abandonados y encontré miles de historias, pinturas y botes grandes, pequeños, malos, buenos, pintaditos o herrumbrosos, pero ninguno tenía unas letras rebeldes como el mio…
Lo tomé en mis manos y le deposité un beso sorpresivo.
¿¡Besar yo un bote de papel! ?
¿Sentirme feliz de besar un viejo papel mal usado, inservible a la hora de navegar y convertirlo en mi pieza de conversación cultural?
Debo estar muy mal del cerebro, pensé por un instante…Pensé, pensé y volví a pensar. Paul Gauguin, en Vincent Van Gogh, en Quevedo, en Dalí... ¿Quién soy yo?  Me pregunto.
Una tormenta que soplaba con vientos furiosos rompió en cristal de mi ventana y como si a propósito hubiera penetrado en busca del periódico rebelde, o un diablito encapotado con rabias de fricciones pasadas con los escritos del papel  regresara en busca de revancha contra mis manos por haberle dado vida a lo que un día fueron sus ilusiones y luego los tropiezos del camino le mostraron la cara real de lo que la tinta, -que es borrable siempre y que es lo que él creía su verdad le había hecho creer de suyo,-  y al tratar de vengarse de mi por darle un lugar especial en mi despacho al sucio papel,  a falta de otro recurso lanzó al piso a mi botecito de papel.
Lo tomé en mis manos, lo acuné en mi pecho, yo amo el mar y los barcos, los botes, los veleros…
Lo llevé a la alberca, lo senté en el agua, lo miré en la calma…y soplé un poquito con mis propios alientos para llenarle las velas que no tenía…. Y comenzó a penetrar el agua porque se hundía; poco a poquito se hundía…poco a poquito me herían las letras  de sus promesas de libertad que de cada línea se desteñían, porque aunque en ellas no me veía, veía un mundo distinto en la esperanza humilde de una navecita endeble y una palabras capaces de encender un fuego en el Polo. Y traté de salvarlo, lo tomé con cariño en mis brazos, los acerqué a la lumbre de un quinqué, lo acerqué a la hornilla del fogón, lo llevé por delante del grito de un viejo ventilador y traté de exponerlo a los rayos del sol…  Pero el papel periódico sucio de ya, viejo, desgastado y vuelto a moldear aparentemente era por sus propias palabras, aunque a Dios mentaba mucho, un reto impío a la virtud del amor de Dios, o a las ciencias de la materia, o a la realización de que nada nuevo y fuerte y puro puede construirse sobre las bases de un viejo ladrillo de cienos, ni sobre una hojarasca de pretendidas flores que no fueron más que hierbas del camino. Yo no sé de qué estaba hecho ese papel…
Y se le torcieron los bordes al botecito de papel, y se me torcieron a mí los  tontos e infantiles deseos de tener aquel botecito de papel con tantos papeles limpios que hay en el basurero.
Se calmó la tormenta, un nuevo cristal adorna mi ventana, o mejor, me protege de las tormentas, en mi estante he puesto un botecito de cristal…. Sé que si el viento de la tormenta rompe el cristal de la ventana y lanza este bote nuevo al suelo, lo quiebra sin remedio, pero no habrá que secarlo, ni que pensar en pintores, ni que albergar esperanzas, que solo un botecito de papel puede necesitar…
Ayer me senté junto a la alberca, tomé un viejo papel mal usado y construí un botecito de papel y lo puse a navegar.  Llamé al cielo para pedirle un viento que le llenara las velas a mi botecito de papel, pero  mi bote no tiene velas… Miré a las sombras de mis quimeras y les pedí un impulso para mi bote, pero las sombras no son propelas y nada puede impulsar mi bote, nada lo impulsa el papel se hunde, y solo me queda la bañadera.
Me salí a la brisa y le canté a la tarde y en la soledad del bosque escribí un poema  a las aves tontas que vuelan en mi pecho y caminé mil piedras sin nombre ni tierra, en los zancos altos de un sueño enloquecido tal vez por unos ojos que nunca vi y ya no quiero ver… Nadé por las aguas del lago ya seco y allí navegaban rodando por los suelos, cien botecitos de papel que algunos niños dejaron a su paso cuando soñaban con sus amores y el mar…

No hay comentarios:

Publicar un comentario