28 dic. 2010

TRES BESOS

Don Gilberto 28 de diciembre a las 12:29
TRES BESOS
(Poema)

El primero beso que nunca nos dimos
colgado del cuello lo cargo como en un sagrario,
y aunque todos los demonios quieran lo contrario
lo guardo, lo cuido, y te lo ofrezco....sí, ese mismo.

El segundo beso que tengo en mis labios sedientos de ti, te ofrezco
de rodillas hincado ante el altar de la vida
¿No ves, que en mil pedazos, anda mi alma herida?
Aunque se que no te merezco.

Y hay un tercer beso
ese beso que nunca yo tendré
y estoy sufriendo por eso
porque ese tercer beso
de tus labios tal vez nunca tendré.

Son tres besos, tres besos solo son
el que viene, el que va, el que baila al dulce son
de las guitarras de cielo y los violines del jardín
es que mi vida para ti es un jardín
y sin ti anda `por el suelo....

Mis Noches paso pensando en ti
y me desvelo
ríos, canales, mares y ventizcadas
todos pasan por mi mente
pero nada, nada pasa tan candente
como el pensar que te quiero
¿Que quieres, divina mujer? Por ti me desvelo
la noche se me hace larga
la vida asi es muy amarga
y por qué te amo así no lo sé.
Tú has dicho, y has dicho bien
que en el corazón nadie manda;
pero tengamos o no razón
a corazón nadie lo calla.

El mio grita por ti
la calle y el mar no me llaman
me llaman tus labios
tus labios que con mis besos
me gustaría llenar
pero si nunca volverás a amar
a pobre vida tuya
porque tuya ya es mi vida
solo vivo para
en esta distancia querida
mi voz distante te arrulla,
como arrulla la paloma
desde el alero de techo
yo te elevo más que eso yo te arrullo hasta en el cielo.

¿Que por ti vivo y me encelo hasta del aire que aspiras?
Si, te busca en todo mi vida
te entrego al soñar mis ansias
y me acerco hasta tus pies
para dejar otra vez
junto al dios a quien por tu amor rezo
un rosario, un crucifijo, un amor puro que es
el que llevan mis tres besos.

La Tierra Es su Piel

La Tierra Es Su Piel

 by Don Gilberto
LA TIERRA ES SU PIEL
===============

Bronceado el rostro por el sol, el cuerpo flaco, los músculos tensos y
el paso torpe rezongaba el Juan. Debajo del sombrero de yarey, sus
ojos secos miraban fijamente a cada terrón de la roja alfombra que se
rajaba en surco ante el avance de la cuchilla del arado. Los cansados
huesos pujaban por salirse de sus carceleros pellejos, al tiempo que
un oscuro amasijo de hojas de tabaco se revolvia entre sus casi
desaparecidos dientes. Consuelo al pensar, mascullaba; ya que no
alimento a su cuerpo. Sus tendones expuestos a través de la curtida
piel, mostraban los razgos de piedra de una civilización de fantasmas,
que no de hijos de mujeres buenas. Los míseros remiendos de sus
zapatos, tierrafijos sobre el surco, ya cansados de hacerle ampollas
se conforman con abrirle en los tobillos grietas tan profundas como
los surcos que el arado tajaba en la tierra.

"¡Jala Curujey!" " Camina, Jaragán...condenao buey que no quiere
echar pa'lante, caray."

Unos pajarillos revolaban detrás del hombre y su arado, en busca de
los gusanos que quedaban al descubierto cuando la dura pala del arado
rajaba el vientre de la madre tierra.

"Condenaos pájaros, como chiban...menos mal que al menos me cantan
alguna veces."

La remendada y sudorosa camisa pretendia flotar con la escasa brisa
que le azotaba, pero el sudor se la pegaba al cuerpo. De vez en
cuando, entre grito y grito, aguijonazo y maldiciones a los bueyes,
dando tumbos sin cesar en su dura faena, se quitaba el sombrero y con
este pretendia remover el sudor de su cuerpo. Luego sacudia el
sombrero pegando de golpes contra el arado y, a veces, tambien,
golpeando con este sus muslos y caderas... si es que aún aquella
esquelética criatura tenia caderas.

Llegado al final del cuadro de tierra labrada se quitó de nuevo
aquello que para entonces era mas esponja que sombrero, pegó un fuerte
resoplido y miró a todo lo largo y ancho de su obra. "...ta bueno. Por
hoy ta bueno." Y se dió a la tarea de desenyugar a sus bueyes.
"....estos dos pobres brutos."
¿Brutos los bueyes?
Bruto el destino del hombre.

Allá por el bohio anda Juanico recogiendo leña para el fogón, su madre
quiere sancochar unas "rabujas" que recogieron de la otro lado del
conuco, - "pa' cuando el viejo acabe de arar se eche algo a la
barriga, que en estos dias anda mu' estragao."

"¿Y qué tenemos pa' comer hoy, mama?"

"Na, hijo; ahi estoy hirviendo unas rabujitas que recogi en la parte
del potrero pa' comerla con unos chicharrones que tengo ahi guardaos
del lunes, hijo."

Y en eso llega Juan.

"Viejo, anda pa' que saques un cubo de agua del pozo, que ya no hay ni
pa' beber."

Un poco mas tarde, las manos sin lavar aun, el sudor y la tierra
pegados al cuerpo cual nueva capa de piel, el sombrero de yarey
tirado por un rincón, comian, padre mujer e hijo, plato de latón en
mano, los misérrimos boniaticos embarrados con la manteca de los
chicharrones reciclados del lunes pasado. Juanico, ahora jugueteando
con el perro, le tiraba de las polvorientas orejas. Allá dentro de
los tres pobres estómagos los gases se contoneaban a ritmo de
guaguancó: "...esta noche hay fiesta."

"Te oí, viejo."

Las tres hamacas, colgando dentro de los respectivos horcones,
atravesaban de lado a lado la habitación; hogar, perrera granero y
cocina a la vez Oscura buhardilla desprovista de todo confort, pero
poseédora de un caudal humano de amor del que no hay mucho mas.

Por detrás de la loma comienza a esconderse el sol, con su cara de
sueños dorados aún por realizar. Realidad de luces que el hombre, por
mas que que se esfuerza, no ha entendido, ni entender jamás logrará.

Una suave y templada ventolina mece las ramas del platanal. La tarde
"cae", la noche llega. Valles, llanos y lagunas respiran aliviados del
calor, agradeciendo a las montañas haberles tapado el sol. Mañana
despertarán y la vida comenzará de nuevo.

Las gallinas cacarean mientras recogen a sus crias para subirse a sus
palos, el caballo relincha como para que sepan que esta vivo, y la paz
comienza a elevar su espiritu de amor y fé sobre los montes. El
guajiro vibra,

Pobres, desnutridos, abandonados de las gentes y hasta olvidados por
Dios a veces, respiran tranquilamente mientras contemplan las plantas
crecer.

"El Sin Tierra", le llaman a Juan. Trabaja la tierra, surca el terreno
y fertiliza la semilla con el sudor de su frente, pero no es dueño de
la tierra que cultiva, no le permiten disponer de lo que produce, solo
le dejan disfrutar de la onerosa tarea de arar y arar. El hacer el
trabajo es suyo, el producto de el trabajo que hace es de ajenos. Ya
no es libre. Quizás nunca realmente lo fué, pero ayer le alimentaban
sus ilusiónes, y eso al menos le permitia soñar. Y hoy hasta soñar es
penado. Libre es el sol que se aleja, la nube que vuela, el aire que
sacude las matas, el hombre no es mas.

Seductora la penumbra se extiende sobre la campiña. Las distancias se
acortan con la vista mientras que los trinos de las aves nocturnas nos
hacen olvidar viejos entuertos. El cuerpo del hombre es un montón de
huesos arropados apenas por unos enjutos pellejos que sacude la brisa,
al tiempo que lleva, en lo profundo de su ser, un alma que vive, un
corazón que ama, un cerebro que piensa, y un mundo que nadie podrá
jamás dominar...por más que aherroje su piel.

Por que, libre es el hombre en su albedrio. Cuerpo adentro.
Como las nubes del cielo y el agua de las lluvias; como el soplo de la
brisa y las corrientes del mar.

Juan tomó la guitarra de donde colgaba, se sentó en el desvencijado
taburete que habia heredado de su abuelo, y cruzándosela sobre las
piernas comenzó a rasgar las desgastadas cuerdas. Un viejo son,
aprendido de su padre se asomó a la noche:

"Valle plateado de luna, sendero de mis amores..."

Acunada su inocencia por la melodia, el niño se quedó dormido en el
suelo, a los pies de su padre. La pobre mujer se mecia en la hamaca
mientras el bueno de Juan, mientras colgaba la guitarra detrás de la
puerta se consolaba a sí mismo con una vieja frase aprendida:

"Mañana será otro dia."
----

Gilberto F. Rodriguez.
Posted Dec 14 2009, 05:28 PM in TEMAS SOBRE MI TIERRA

27 dic. 2010

TU ERES UNA MENTIRA



Pena es que todo en tu vida es una mentira; pena es que te pasas la vida gritando contra la mentira, llamándome mentiroso y mintiéndome en todo. Es raro que me digas una verdad, al tiempo que clamas a gritos que odias las mentira, que no mientes nunca, que todo en tu vida es la más absoluta verdad.  ¡Sálvenos Dios! ….pena que solo tú puedes creerte y no quieres ver que los demás si lo ven, si lo saben, pero que una especie de complejo de soledad y de sentir miedo al rechazo te llevan a la creación constante de un ambiente de falsas aceptaciones de amistades y amantes que a la larga resultan ficticios porque en realidad todo lo que tú buscas es que te acepten, que te digan que te aman, que eres especial aun que por ello tengas que pagar con dinero, joyas, honor  y prestigio.
Pero ya es demasiado tarde en la vida para cambiar….  Pena me das, porque de veras te amo.    
Pena es que no sabes mentir ni cuando quieres hacerlo; pena porque la cólera momentánea te ciega los sentidos, y pena por que en ciertos corazones no caben el odio ni el rencor, ni la envidia ni la maldad. Solo la gracia de Dios y las virtudes que la fe nos regala. Y el tuyo es uno de esos. Pena, si, es lo que alberga mi corazón por lo que sufres, por lo que sufro yo por ti, por lo que sufrimos por tu terca tergiversación de valores.

Muy difícil es  de comprender como una mujer poseedora de tantas virtudes, bondades, talentos y fe en dios, así como cultura y experiencia en las lides de la vida social, humana y de amores, pueda por su decidida terquedad sacrificarse y sacrificar mi vida y un amor tan puro como obsesivo, por conservar un falso concepto de amistad tergiversada y la lealtad a un ajeno. Nunca podré entender yo que una persona sacrifique lo que más ha amado en su vida, su existencia, la existencia de quien realmente le ama y toda su felicidad hasta el punto de descender aquí al insulto, que considero muy por debajo de ella,  y luego creer que las culpas de su dolor no son las suyas.

Una palabra. Una sola palabra tuya era el precio de nuestras felicidades eternas...

Has llenado tus deliciosos labios de truenos y centellas, has dedicado poemas al rencor, has martirizado tu alma y le has mentido inmisericorde a tu propio corazón.
Ha dios juraste amarme eternamente, a mi junto a dios. pero te reservaste el más importante rincón de tu alma para la mentira, para el engaño, para mantener esos equivocados valores llevas atravesados al mundo por una docena de años y que no comprendes que es un amor frustrado, o que si lo entiendes pero no puedes aceptar que un  hombre te deje de adorar. Tu mente, tu egoísmo te exige que los hombres de adoren como a una diosa y sean todos los que a tus pies vengan. Tuerces así  los valores éticos y lo has hecho toda tu vida, solo que nunca te encontraste a un hombre como yo.  Y ese fue tu gran error.

Yo quise elevarte al cielo;  quise arrancarte de esos errores y dedicarte a amarme como me prometías una docena de veces cada día, y ser felices limpiamente los dos, pero secretamente tu no podías dejar la cadena atada a tus pies que por tanto tiempo y a tan alto precio arrastrabas. Y tenías por eso que inventarme unos amores que yo no tenía porque dedique mi vida por entero a ti.  Te convertí en mi mundo y les cerré todas las puertas a los demás. Pero la obsesión que nos cegaba convirtió mi vida en un  infierno y tu lo querías todo de mi, per eres incapaz de soltar esa cadena que cuelga de ti.

Hablas de tu odio a la mentira a cada instante, y me has mentido mil veces, y todo por conservar una simple mentira que cargada por trece años en tu mente ya sonaba como verdad.

Pero a mí no, a tus propias esas amistades que tú tanto quieres y que realmente detestan tu cadena y tú lo sabes, pero quieres vivir en la fantasía de que eres la diosa de los hombres.

Eres bella, buena, inteligentísima, extraordinariamente generosa, das la vida por los demás sin pensar que es sacrificio, la diste por mí a cada instante, pero no fuiste capaz de serme totalmente fiel.  y francamente no creo que eres capaz de ser fiel a ningún hombre, por sé bien que ninguno has amado como a mí.  Pero te crees la reina de la colmena y nunca nadie se atrevió a darte una lección.

Ya te la di. ¿Me insultas? ¿Me odias?  ¿Me ofendes?  Todo te lo perdono  porque sé que tu corazón ha amor, es solo tu terca cabeza que anida mucha soberbia.  Y porque tanto amor que me diste merece que te mime en lugar de usar tus propios odios y responderte con el mal.

Y el castigo en tus propios hechos lo están viendo aquellos a donde te arrimaste ahora, se te ha olvidado el pasado que es y ha sido con esas mismas personas, estas chillándome por tu honra y tu honor, y le estás mostrando al mundo que me estabas m mintiendo que seguías y ahora de nuevo públicamente lo haces, lo que yo sospechaba y me negabas de plano.
Ódiame más, no importa. Yo solo siento dolor y pena por ti, no por mí, ya mis heridas no cicatrizarán
Jamás,  pero al menos ya no puedes abrirme una más.

Te amé, te amo y te amaré, pero siento el dolor más profundo por tu fracaso, por tu tozudez, que por mi propio amor herido.

Tú, disfruta los placeres de unos videos más. Tal vez allá en otro mundo, después de muerta, aprendas algo de lo que yo te quise enseñar

EL LOCO Y EL ELEFANTE

Póngale usted a un elefante, una ofensa, a un orate una provocación,
a un circo un evento fortuito y, para el deleite y susto de los
chicos, va y le postulan a usted para un Oscar. Y a la memoria un
jazmin. Lea, si me hace el favor usted, pues.

===
"Paridas" estaban todas las centenas de hermosas matas de "higuillo"
o álamo temblón, que rodeaban, por la parte interior de las aceras,
las cuatro calles que conformaban la vacía manzana de terreno
llamada "El Escolar". Decíase que ese nombre le venía a ese lugar de
una antigua y grande escuela que durante mucho tiempo había ocupado
el terreno, y que un voraz incendio lo había destruido todo. Repito
yo lo que oí de niño, y yo solo tenía ocho en ese tiempo que relato
aqui.

Las aves se engullían de las dulces frutitas de esos árboles y,
confieso que los chicos también. Y los trinos y alardes de los alados
daban a la Ciudad De Sagua La Grande uno como aire de delirante
alegría de vivir en la naturaleza. Entre otras cosas porque nadie
osaba lastimar al más infeliz de aquellos alegres animalitos. Y a su
vez estos parecían tornarse en lisonjeros amigos de la vida.

Yo vivia en casa de mi Tía María, en la calle Enrique José Varona, en
el mismo centro de la cuadra. La casa de al lado la ocupaba una
escuela privada, "La Escuela Robles", donde hice, creo el tercer
grado. Don Miguel y su esposa y Don Enrique, hermano de Miguel eran
castellanos, y así sus enseñanzas que guardo en mi corazón como
preciado tesoro dado el calibre de personas tanto como de profesores
de que aquella ilustre familia podía hacer gala. Al frente, en la
esquina de Luis Mesa estaba la Farmacia y Laboratorios Tejerina, que
atendía personalmente aquel rojísimo gordo, doctor Rafael Tejerina
Lazo ( dicho sea de paso, el creador del "Vermífugo Tejerina" para
las lombrices) que era bien conocido en todo el país.

En ese terreno de Los Escolares, se jugaba a la pelota, se corrían
regatas de saco en las fiestas patrióticas o navideñas usualmente y,
cuando venían los circos que cada año hacían sus tournees a todo lo
largo y ancho de la isla, era allí, en ese lugar, por céntrico,
llano, limpio y conveniente, donde se levantaban las carpas. Dada las
circunstancias esas, los chicos de ese entorno disfrutábamos mas que
los otros del pueblo, aun cuando no entráramos a las funciones.

Los animales, los payasos, la tramoya, los coches, carros, caballos,
leones, tigres, mujeres gordas con luengas barbas (!?), "tarugos" y
enanos estaban ante nuestros ojos durante varios días de cada
visita. Y alguno que otro se aventuraba una charla con nosotros,
mientras que muchos lográbamos ayudarles con sus animales y así poder
pasar "por debajo del telón", o "colarse", es decir, ver la función
sin pagar. Y de ese modo, pobres y los otros gozábamos de la visita
de cada circo, de una manera sin par.

Era el año 1929, cuando los entrenadores amarraron sus elefantes a
los ricamente semillados higuillos mientras los "tarugos", y todo el
resto de los artistas se ocupaban en los quehaceres de levantar las
lonas, armar los asientos, en fin...las mil tareas en las que el
artista, de pronto, se ve convertido en carpintero, aunque solo este
entrenado para cantar "La Traviata" o el Maestro de Ceremonias tiene
que cocinar para que los payasos puedan clavar estacas y la "doncella
divina" plancha las telas que van a cubrir los improvisados camerinos.

Entre el bullicio de la enjambre de trabajadores, artistas, tarugos,
curiosos y totíes, la sinfonía era más una escena de Jazz Neoyokino
que un campamento de gitanos con chicos....aun que se perdían los
delimitadores en medio de la ajetreada alegría del momento.

Cinco elefantes fueron atados por los entrenadores, cada uno a un
álamo, directamente frente a la casa de mi tía y a la escuela Robles.
Eran como las dos de la tarde; no, miento, yo salía de clases, eran
más bien las cuatro, pero sea; una gritería, varias gentes corriendo
en todas las direcciones, unos gritos de auxilio, un no se sabía que,
de entremezcladas carreras dominaban el momento y no muchos podían
entender que pasaba. Una mata de higuillo era arrastrada por todo el
terreno, lonas, coches, ropas sogas todo un centenar de cosas
enredadas se arrastraban en todas las direcciones. Y de pronto, un par
de disparos de pistola retumban aumentando la confusión y hasta un
poco de miedo. Cada cual se refugiaba donde podía y las casas vecinas
alojaban de prontro a vecinos y extraños por igual.

Una puerta de La Farmacia Tejerina de pronto era arrastrada a lo
largo del parque y el buen doctor desde detrás del mostrador
gritaba que llamaran a la policía...pese a que el tenia el teléfono
ahi mismo, al lado de su mano derecha, y que no se daba cuenta, hasta
que un empleado se lo indico, sobre el mostrador, y no lo veía. Y así
pasaron una decena de minutos que parecía ser más largos que la
noches de los siete puñales.

Calma caballeros, calma bellas damas, calma, por favor, pedía un
hombre medio uniformado de rojo, que saliera de dentro de uno de los
vagones. Calma, que ya el animal está controlado. Era cierto, el
elefante habia sido atado de las cuatro patas con uno de esos
aparatos que los gauchos argentino lanzan a las avestruces, un bolo
creo que le llaman, compuestos de una soga o correa con dos bolas de
metal atadas a sus puntas. El pesado animal rugia. Se le veía
furioso, tan furioso que se preocupaba uno por sus amenazantes gestos.

Mas allá un policía traía, sostenido por el cuello de la sucia
camisa, al "bobo" de Sagua. Loco, le decían unos, bobo le llamaban
los otros, pero fuera cualesquiera el remoquete que le asignaran,
aquel pobre diablo era un negro flaco, de edad indefinida pero, tal
vez no más de 38, que deambulaba por las calles pidiendo cigarrillos,
cafe, limonada, o lo que se diera. Nadie lo veía como un real
limosnero; era, tal vez, que sufría de algún desquiciamiento
cerebral, pues no era retrasado propiamente; pero era un infeliz. Y
los eternos "chéveres" del barrio se divertían siempre haciéndole el
ridículo y mandándolo a decir las palabras que ellos mismos no podían
y no debían decir. "Bobo, dile esto....bobo, tócale el... usted sabe.

Cuando pasaron al negrito por cerca de el elefante, el animal de un
atronador rugido estremeció la tierra. Y el negrito se escapo
corriendo.

"Memorias", dijo un entrenador. ¿No habéis oído vosotros hablar de la
extraordinaria memoria del elefante? Bien, hace como cinco
temporadas que este señor, atendiendo a unos necios que lo alentaban,
le clavo un aguijón muy crudo a ese animalito. Y ellos, los
elefantes, nunca olvidan. Por eso, cuando el tío se acercó a
tocarlo hoy, el elefante se asustó...Pudo haberlo matado si logra
atraparlo antes que nosotros. Ese negrito puede contar que hoy ha
nacido por segunda vez en su vida.

Las funciones de El Circo Montalvo siempre eran de lo mejor, pero ese
domingo los directores decidieron dar al pueblo de Sagua un regalo de
buenas amistades: la función del mediodía, o Matinee, la dieron
gratuita para los niños sagüeros.

Y se marcharon prometiendo volver el año siguiente. Y a las dos
semanas vino El Gran Circo Pubillones, y después le tocó al Teatro
Principal recibir a la Compañía teatral argentina de Eugenia Suffoli
o Zuffoli, que no recuerdo cual letra era. Y siguieron los tiempos
pasando, y los elefantes comiendo higuillos en cada visita en
competencia con los gorriones, los totíes, nosotros, los chicos y el
negrito bobo siguió sirviendo de marioneta a los chéveres, que en ese
tiempo todavía no se habia inventado el “cheverísmo”, pero ya existía
el tipo, y las aguas siguieron cayendo desde lo alto de La chorrera
hata el naciente de "El Undoso" y los caminos se bifurcaron para dar
paso a este futuro que hoy aquí vivimos los actores y espectadores
que aun rememoramos.
Curiosa vida y dulces recuerdos de nuestra querida Sagua.

--- Fin del mensaje reenviado


<g.rodriguez_23@...>

YO LA ESPERABA....

Yo la esperaba sin saber quién era. Ni siquiera me hacia una idea de cómo luciría
 Ya me había encargado yo de escribir un poema, anunciando mi amor sin  paredes.
“Te amo cual eres”   se titulaba el poema, y en sus versos anunciaba a las nubes, que la amaba sin penas ni formas.  Ya  la amaba.  Yo creo que ella me amaba también, sin jamás unos ojos mirar ni una piel. Me paré en la acera  y miraba acucioso en su pos.

Una voz que de cerca me resuena al oído yo escucho. ¿Espera usted a alguien?
Me brotó una sonrisa del alma y sin pena ni asombro la besé en los labios con candor y alma.   Reímos.   Bebimos una copa de vino  y charlamos cual viejos camaradas. Ya nos conocíamos, decía que nos viera.  Pero no ni siquiera observarnos el uno al otro. No estábamos allí sentados frente a frente, las copas reían, los versos se hacían  pocos y las pupilas se cruzaron al fin. 

Me gustas cual eres. 
Yo no estaba segura de si te iba a gustar o no.
Yo no lo pensé; no lo necesitaba. Te amor asi.
Difícil fue separarnos  luego de media hora allí.

Y nació este amor.
O, tal vez debo decir, miramos a nuestro entorno, y vimos los ojos de lo que hacía tiempos ya, era nuestro amor.
Se unieron las alas de las gaviotas al viento que pasaba, dando aliento a las flores que surgían en nuestros caminos. Caminamos un trecho. Nos amamos.
Se fundieron los mares y el cielo, allá en la comba lejana azul y verde e los horizontes.
Y de ahí comienza un idilio de libélulas que cantan por vez primera en la vida, flores que surge solo cuando la ven en mis brazos, corazones que se alborozan al verla pasar de mi brazo y ángeles del cielo que cantan plegarías al cielo porque ha nacido este amor.
 Los inviernos no son ya tan fríos. Los veranos no son tan calientes, la bisa refresca mi lecho, entre rosas y azucenas, orquídeas, clavo jazmín.

Un  día acurrucadita en mis brazos miraba a la distancia mientras revolvía una espiguita de yerba con los dedos entre sus labios.
¿Qué sueñas?
Sueño desde siempre con este sueño.
Cuéntame, ¿quieres?

Te cuento. Siempre sueño con un palacio de mármol blanco donde al entrada hay un banco también del blanco material.  Me veo sentada en ese banco.  Mientras que por la verdeante distancia se encuentra el camino, todo reluciente en  el verde más puro.  Las sutiles madejas del viento se destrenzan al llegar hasta mí.  Detrás mío están las puertas el palacio o templo de la virtud.   Tal vez un día me abran las puertas y un ser espiritual me invite al interno. Tal vez….

Muchas veces más o menos en esto es que piensa y recuerda mi amor. Y una vez.
No sé porque las cosas suceden así, las cosas de dios y del amor son cosas ciertas pero a veces el ojo del hombre no entiende las señales.  Me dijo que había soñado aunque no estaba dormida. Curiosa la vida de este amor nuestro lo mismo soñé yo esa noche. Estábamos mirando a dios en nuestra esquina y vimos que ya habíamos estado junto a él en varias ocasiones anteriores. ¿Pero como, Señor?
Demoré en unirlos porque me quedé dormido. Ustedes dos se pertenecen desde muchas vidas que ya fueron, y mañana al salir de esta vida nuevamente, los quiero juntos para siempre sin cesar.   Si me duermo me despiertan y griten si es que hacerlo se hace necesario: ustedes dos se han de amar para la eternidad. 
Humildes nuestros espíritus, pero alegres nuestras almas, bajamos del altar hasta la plaza.
Unas sombra se acercaban era noche.
Un relámpago brotó del firmamento y el cielo lleno de luces se abrió al camino de la eternidad.

Un corcel de mil campanillas nos llevaba, tirando de la barra de aquel coche y en el camino eterno de los cielos, de pronto un ángel del coche nos levantó y flotando como espuma de nubes ya que flotaron nos fuimos por los eternos caminos del eterno, donde no había envidias, velos ni dolores.

Me contaba ella y recordaba yo. Lejos el uno del otro habías soñado eso mismo.  La tomé en mis brazos, la acaricié un momento y luego la miré a los ojos.   Lloraba.  Era feliz porque ella cree en su dios. Nunca más amor nos separaremos. Tantas veces ya fuimos los amantes de otras vidas que esta vez hemos pagado con distancias y ajenos el dolor de haber sido tan felices en un mundo de cristal.  Nos juramos nuevamente amor eterno. Lo juramos ante dios y ante las horas.

Y han pasado misteriosos de envidia unos días,  hay quienes han querido este amor destruir, pero el cielo en su eterna bondad  no selló con la sangre de oro, y con el cuño de su santa bondad dios nos dijo que somos eternos amantes, en esta vida, en la próxima como en nuestra anterior y las muchas que vienen detrás. Así es nuestro amor.
 Ahora un  ángel divino en su mano, la trompeta que anuncia el señor, toca a vuelo de tambor y campanas, la venida hasta el mundo del cielo la bendición de este amor que comienza en un beso a sabiendas muy bien que la amaba sin que abriera mis ojos a ver.
A amo, nos amamos, y solo en el cielo vivimos.

EL LIENDRAS

    EL LIENDRAS
Por
   Gilberto F. Rodriguez

                                         Su agrandada barriguita saluda antes de llegar a la esquina; llevaba una herida en el dedo gordo de su piecito derecho que alimentaba a una colmena de moscas que se deleitaban en su alrededor, a lo que contribuía sin el menor esfuerzo su fiel amigo, el perro Capitán.  Aquel pobre perro cargado de peladuras y rasgones por sobre todo su cuerpo era su amigo y compañero desde siempre, acurrucado en una bola o, mejor, convertido en un aro horizontal, lo esperaba a cada amanecer cerca de la puerta del desvencijado casucho de palma cana que les servía de hogar al "Liendras" y a sus padres.  El pobre animal no podía acercarse a la casa. Y si lo hacía solo lograba que el padre le diera un par de patadas por la barriga:
           "Anda, perro sasnoso, lárgate de aqui...."
           "Liendras, Liendras, muchacho, ¿cuantas veces te voy a tener que decir que no me traigas a ese cochino animal a la casa?"... Y seguia: 
           "...¿Tu no ves que lo único que hace es comerse lo que cagan las gentes por ahí, por el platanar?"

                            "Tiene hambre el pobrecito..."
           Lamentaba el niño, -“…no tiene qué comer..."
                            "...perro-e-mierda..." seguía rezongando el padre.  "...no quiero volver a verlo por aquí, ya lo sabes..."

                            "Pobrecito, Papi, si él es bueno y es mi único amigo..."
                            "Amigo, amigo; los perros no son amigos nunca; amigos son los seres humanos, así que búscate otro muchachito, como tú por amigo..."
                  
`                           En verdad, el pobre chiquillo no tenía un solo amigo;
           la extremada pobreza de sus padres y el absoluto descuido que les era costumbre hacían de el muchachito un asco humano; andaba sucio, casi sin ropas, los cabellos sin cortar y los piojos bailándole sobre la negra cabellera hasta el punto de hacer muy poco deseable su compañía, pese a que era un niño a quien lo que le faltaba de higiene lo compensaba con sus nobles sentimientos. Pero así es la vida.
                            La pobre criatura se echó a llorar aunque apenas se le oían lo sollozos.
                           
                            "Vaya, Jacinto, deja al pobre muchacho, ya tiene bastante con el hambre y la miseria que pasa. Tu sabes muy bien que los otros muchachos no quieren jugar con tu hijo; que le llaman nombretes, que lo escupen y le hacen burlas; que en la escuela la maestra no lo quiere hasta que se ponga ropa limpia y se bañe to-lojdiaj...."

                            "ropa limpia, ropa limpia... ¿con qué dinero se la bamo a comprar, si con lo que gano no alcansamoj ni pa comer?"
                            "Lo sé, no te ejtoy reclamando..."

                            Lucio, el cantinero era quien limpiaba los cristales de las vidrieras exteriores del Hotel de La Bahía y siempre tenía que trabajar extra espantando a perros y chicos que se arrimaban a los refrigerados cristales para mirar con desesperada energía los manjares que allí dentro eran depositados para exhibirlos al cliente. Muchas veces había visto al Liendras merodeando por allí, o arrimado a las vidrieras con la sucia carita recostada al frio cristal del mostrador. Una veces lo espantaba, otras le hacia un gesto con la mano y la servilleta para que se alejara de allí.
           El pobre Liendras era una perenne estatua plantada junto a las langostas, el caviar y las morcillas que se exhibían allí. Solía espantar a los comensales, decían.
                            Recuerdo el tango que lloraba:

                            "Vieja milonga, farra corrida, y a la salida, de la milonga, llora una nena, pidiendo pan..."
                           
                            Tiemblan mis dedos sobre el teclado al recordar los muchos "liendras" que mis ojos han visto, que mil avasalladores recuerdos de tantos puertos y seres me presentan en la pantalla oscura de mi propio vivir.        No hay luz en el camino; solo hay dolor.

                            Millares de recuerdos llamados por la suciez de su cuerpo o el olor de sus miserias transitan por el mundo, olvidados del tiempo, del hombre y hasta de Dios, si es que lo hay.

                            Si un hombre harapiento se cruza en la carretera con nuestro auto y nos pide que le llevemos hasta el pueblo distante, los mas no lo escuchamos: "Sucio, delincuente, hippy, atorrante, ladrón disfrazado de oveja” -pensamos.
           Y le dejamos que camine. Que cargue su cruz, que su cruz es suya y no mía; que se compre un coche, como me lo he comprado yo..."

                            Y el mártir de El Monte de El Calvario sigue con la cruz a cuestas, pese a que hace apenas un rato salimos del templo y le ofrecimos limosna. Pero la cruz sigue sobre sus hombros, mientras que mi coche está limpio y perfumado.

                            Cargado con una bandeja inmensa llena de manjares para servir a los comensales del Yacht Club que se reunían para su Almuerzo Anual de La Sociedad de Los Amigos Del Mar, Lucilo, el camarero, pudo ver al Liendras una vez más recostado a la vidriera del frente del Comedor.  Absorto en su destino, sus ojitos fijos en los comestibles que aunque estando tan cerca le eran denegados por ese muro invisible del cristal y la ley de los hombres…
          ¡Oh, no; de esas cosas la pobre criatura no podía saber!
          El Liendras lamia la pared de vidrio y se saboreaba en sus adentros.
                            Su perro lo copiaba; Capitán lamió también. Lucilo sintió que un mundo se desriscaba por el desfiladero de sus días de vida, como se derraman las aguas cuando la lluvia afloja las tierras en lo alto de la montaña y no tuvo valor esta vez de espantarlos.


                            Pero la vida es cruel. En una mesa cercana a la puerta del frente del restaurante un emperifollada señora almorzaba junto a su hijito, pulcramente vestido como buen hijo de rico, de aproximadamente la misma edad que Liendras.
           A ese chico parece que le gustaban los perros:

                            "Mira, Mamy, ese chico tiene un perro..."

                            "Un asco, es lo que tiene..."

                            "Pero, ¿ por qué si hasta ese pobrecito puede tener un perrito, porque no puedo yo tener uno también?"

                            "Porque yo no te voy a permitir traer a la casa un perro asqueroso y que te conviertas en un harapiento como ese, ese es el porqué...Y ya no me molestes mas con lo del perro...y además, a tu padre no le gustan los perros...YA.

                            En su plato, al generoso Juanin, que así se llamaba el chico le iba quedando un muslo de pollo que no se pudo comer. Porque, pensaba él, le habían servido demasiado comida.
           Luego y, aprovechando que su madre se excusara para ir al baño a empolvarse la nariz, toma el manjar con su mano y corre hasta el exterior del restaurante y se lo pone en la nariz al desmelenado perro...
           Mientras le pasa la mano por la cabeza con un gesto de ternura.

                            Capitán mordió con prisa, pero sin perder su innata nobleza, lo hizo con el borde de los labios, para no morder la mano que lo alimentaba.
                            Al Liendras, que al momento estaba semimuerto de hambre, los ojos se le saltaban en una como mueca, mezcla de puro egoísmo…al tiempo que de amor; la boca comienza a llenársele de agua al ver el muslo de pollo, primero en la mano del Juanin y luego en la boca de el perro...
           Pero Dios hace milagros, dicen, aunque se parezcan a la discusión de los perros italianos, el uno genovés y el otro un "frachesco".  Al sentir la mano generosa sobre su sucia cabeza, el perro puso, a pesar del hambre que tenia, el muslo de que pollo en el suelo y lamió la grasa que quedaba en la mano amiga de aquél generoso muchachito rico.
           Aquí alguien es el mejor amigo...

                            El Liendras, de un salto le echa manos al muslo de pollo que ahora descansaba en el piso, alejado de todas las gargantas allí reunidas en su festín de "placer". ....

                            "Juanin, Juanin...."  La madre de el bondadoso muchachito, entre asustada y molesta, buscaba al muchacho.

                            Allá ella con sus cotejos; el muslo de pollo vino del cielo.
                            El Liendras le pega un mordisco al manjar mientras Capitán lo mira, medio celoso, medio triste y aun le quedaban sentimientos, parece, para sentirse satisfecho por la alegría de su amigo, El Liendras.

           Niño y animal se miraron a los ojos.
           Perro y chico en uno como abrazo de hermanos,
           el uno sin pronunciar palabra, el otro sin emitir ladrido.
           El muslo de pollo cae al suelo.                            Los dos se miran sin que ninguno trate de saltar y hacerle trampa al otro....
                           
                            Así pasan los segundos...tal vez minutos, mientras la madre se lleva a su generoso Juanin, casi arrastro, rezongando y molesta.

                            Luego, el Liendras recoge el pedazo de pollo frito, le arranca un mordisco y le pasa la mayor parte a Capitán, -¡Santos cielos, voto al cielo por que nazcan muchos hombres como este perro!- y este lo toma entre sus dientes y se lo acerca a la mano derecha de El Liendras otra vez.
                            Vaya y hable usted de amistad.
                           
                            Lucilo, el camarero, observando a cada vez que se cruzaba su vista con el noble espectáculo que acababa de presenciar se hizo a sí mismo una promesa...

                            Y conservó en silencio.

                            "Desde hoy, aunque la tenga que robar de aquí, a esos dos les doy de comer yo."

                            "Oye, Liendras, ven acá piojolisto", -llamó; -  "...hijo, desde hoy no te arrimes a la vidriera. Tu vas y me esperas a la salida de atrás, por el patio, que yo te voy a dar de comer..."

                            El Liendras no pudo hablar...solo lloró; mientras que Capitán le lamía las manos embarradas de grasa de pollo.  
                   Y en la distancia volaba una gaviota viajera.     
                            ©Grf 2008

24 dic. 2010

PARA TUS OJOS

Don Gilberto
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POR QUE UN DIA ME AMASTE,
PORQUE UN DIA NOS AMAMOS,
PORQUE NUNCA ME BESASTE,
y PORQUE NUNCA NOS MIRAMOS.

Fué tu amor como esos sueños
que se sueñan y no viven
de esos que al despertar no existen
y del que me sentia yo dueño.
Se que era muy fuerte el empeño
de querernos y de amarnos,
y que pagariamos por ello,
en el infierno al quemarnos...

...se que los vientos soplaron
del lado contrario a mis velas
y que la nave me hundieron
sin que evitarlo pudiera...

Levé mis anclas, ¡Mentira!
te amo con toda mi vida
la pasión está perdida,
mi vida no tiene mucho
pero con atención escucho
lo que sucede en tu vida.

Yo se que tu estás herida,
herida en el corazón
y tienes toda la razón
que afecta tanto nuestras vidas.

Mira directo al futuro,
el jardin está alli al frente
créeme, mi alma y mi vida
las vivo para quererte.
¿Es acaso este amor tan fuerte?
piensalo asi, querida.

Ayer reias muy loca
hoy la tristeza te abate
yo cuando veia tu boca
moria al querer besarte

Se nos perdió la razón
la vida nos separó
mas lo que nunca logró
sacarte de mi corazón.

¿Te ofrezco una rosa, un verso y una canción?
O te ofrezco en este dia
todo lo que queda de mi vida
y mi pobre corazón......

Sonrie princesa de mil reinados
vuelve a reir y en tus labios
lleva la miel de mil besos
los besos que me has lanzado
que a mi boca no llegado.

Camina por las campiñas
baila, canta y contonea
la belleza de tu cuerpo
para que tus ojos vean
que por tu amor estoy muerto .

22 dic. 2010

ESCUCHA MI SILENCIO

ESCUCHAME
Por
Gilberto Rodriguez

Déjame escuchar el silencio de mi voz callada;
Déjame nombrarte con mi voz sin ecos,
Mírate en la fuente peinando las trenzas
Del atardecer cual niña mimada.

Mírate en la luna
En la madrugada,
Corre por los vientos allá en la montaña…
Haz como te plazca, te divierta y rías
Pero en silencio estar un rato a solas…
A solas conmigo, con mi espíritu, con mi ego,
Con mi silencio.

Quiero estar en el silencio exterior
que no comprendan
Para que el ruido extraordinario de la cascada
De mis pensamientos
Ruede y ruede
Montaña abajo
Y me permita
Caer, vivir, soñar, correr, agonizar
Y por sobre todas las cosas
Que me permita estar
A solas en el silencio conmigo.

Allá afuera retumban
Nefastos tambores de lucha
En su eterno correr
De vaivén de ola humana
De ambiciones y molicie,
De placeres y feudos,
De risas a costa del alma
Y de melodías que buscan
Emocionar carreteras.
Pero aquí,
Aquí en la soledad de mis adentros
Vive un caudal de voces,
De emociones,
De sueños,
De ideales,
De colores,
De sonidos,
Historias
Y horizontes…
Aquí dentro estoy -¡mejor aún-
Quiero estar
A solas conmigo.

Al fin y al cabo
Que yo vivo
Como aquel del Gran Guignol:
Riendo en el escenario
Y solemne en el interior.
Me gusta la multitud
Pero en medio de ella
Estoy muy solo.
Más no con esa soledad
Que a los hombres tanto asusta,
-¡porque hay que ver cuánto temen los hombres a la soledad!
¡No yo, no a mí!

A mi la soledad me permite
El privilegio de reunirme
Conmigo mismo
De vez en cuando…
Mirarme al espejo
Del alma…
A veces soñar…
Y a veces, también
-¿Por qué no?-
Volver por un rato
A ser un poco niño.

Si cantas entre las montañas
Oirás tu propio eco al retorno
Porque las piedras
Te harán reverberante coro.
Y eso es hermoso.
Pero si cantas
En el silencio
De tu soledad interna
Tendrás por espectador a tu propio ser,
Y nadie podrá repetir tu melodía
Porque al silencio nadie lo copia.

Y no es lo del ermitaño
Que se refugia
Que se refugia en la caverna
Para huir de la sociedad;
Del recluso,
Que huye del mundanal ruido
Porque siendo muy parte de aquello
De que se aleja
Quiere evadir la responsabilidad
Social que convivir reclama.
No; nada de eso.
Esas son cosas probablemente enfermizas.

Cuando yo estaba en prisión
Lo veía a diario
Y en las películas
Siempre lo enfatizan,
El castigo que impone el carcelero:
"Reo, a confinamiento solitario."

Yo, en mi absurda vida
Sentía cierta paz interior
Cuando me imponían la soledad.
¿Loco? Tal vez.

Más…
Cuando estaba a solas tenía
Mi propia compañía…
Era mi propio compañero de celda.
Me miraba a mí mismo,
Me hablaba sin palabra pronunciada,
Me aplaudía y me criticaba.
Mantenía mi exterior
Visible en paz y sereno…

…mientras que en la entrañas
Trinaban las aves,
Molían los molinos,
Avanzaba el bien
Y se enhebraban
Agujas con sedas,
Y oro para un futuro mejor.

Y cuando me he pasado de tonto
Mi ego me ha criticado,
Cuando he querido
Soñar demasiado
Mi propia mano me ha dado
La proverbial bofetada
Que nos devuelve a la realidad,
Despertándonos
Como cuando
Hablando tonterías
En medio del nocturnal sueño.

¿Quién puede tejer la trama de una novela
Sin quedarse a solas con sus personajes?
Si me ven solo
Estoy con ella,
Estoy conmigo.
Estoy en vela
Soy mi propio amigo.










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ESCUCHA MI SILENCIO
ESCUCHAME Por Gilberto Rodriguez Déjame escuchar el silencio de mi voz callada; Déjame nombrarte

AMAR SIN LUZ

Yo la esperaba sin saber quién era. Ni siquiera me hacia una idea de cómo luciría
 Ya me había encargado yo de escribir un poema, anunciando mi amor sin  paredes.
“Te amo cual eres”   se titulaba el poema, y en sus versos anunciaba a las nubes, que la amaba sin penas ni formas.  Ya  la amaba.  Yo creo que ella me amaba también, sin jamás unos ojos mirar ni una piel. Me paré en la acera  y miraba acucioso en su pos.

Una voz que de cerca me resuena al oído yo escucho. ¿Espera usted a alguien?
Me brotó una sonrisa del alma y sin pena ni asombro la besé en los labios con candor y alma.   Reímos.   Bebimos una copa de vino  y charlamos cual viejos camaradas. Ya nos conocíamos, diría quien nos viera.  Pero no ni siquiera observarnos el uno al otro. No, estábamos allí sentados frente a frente, las copas reían, los versos se hacían  pocos y las pupilas se cruzaron al fin. 

Me gustas cual eres. 
Yo no estaba segura de si te iba a gustar o no.
Yo no lo pensé; no lo necesitaba. Te amo así.
Difícil fue separarnos  luego de media hora allí.

Y nació este amor.
O, tal vez debo decir, miramos a nuestro entorno, y vimos los ojos de lo que hacía tiempos ya, era nuestro amor.
Se unieron las alas de las gaviotas al viento que pasaba, dando aliento a las flores que surgían en nuestros caminos. Caminamos un trecho. Nos amamos.
Se fundieron los mares y el cielo, allá en la comba lejana azul y verde de los horizontes.
Y de ahí comienza un idilio de libélulas que cantan por vez primera en la vida, flores que surgen solo cuando la ven en mis brazos, corazones que se alborozan al verla pasar de mi brazo y ángeles del puros que cantan plegarías al cielo porque ha nacido este amor.
 Los inviernos no son ya tan fríos. Los veranos no son tan calientes, la brisa refresca mi lecho, entre rosas y azucenas, orquídeas, clavo y jazmín.

Un  día acurrucadita en mis brazos miraba a la distancia mientras revolvía una espiguita de yerba con los dedos entre sus labios.
¿Qué sueñas?
Sueño desde siempre con este sueño.
Cuéntame, ¿quieres?

Te cuento. Siempre sueño con un palacio de mármol blanco donde a la entrada hay un banco también del blanco material.  Me veo sentada en ese banco.  Mientras que por la verdeante distancia se encuentra el camino, todo reluciente en  el verde más puro.  Las sutiles madejas del viento se destrenzan al llegar hasta mí.  Detrás mio están las puertas el palacio o templo de la virtud.   Tal vez un día me abran las puertas y un ser espiritual me invite al interno. Tal vez….

Muchas veces más o menos en esto es que piensa y recuerda mi amor. Y una vez.
No sé porque las cosas suceden así, las cosas de Dios y del amor son cosas ciertas pero a veces el ojo del hombre no entiende las señales.  Me dijo que había soñado aunque no estaba dormida. Curiosa la vida de este amor nuestro lo mismo soñé yo esa noche. Estábamos mirando a Dios en nuestra esquina y vimos que ya habíamos estado junto a él en varias ocasiones anteriores. ¿Pero cómo, Señor?
“Demoré en unirlos porque me quedé dormido”. –dijo el Señor, - “Ustedes dos se pertenecen desde muchas vidas que ya fueron, y mañana al salir de esta vida nuevamente, los quiero juntos para siempre sin cesar.   Si me duermo me despiertan y griten si es que hacerlo se hace necesario: ustedes dos se han de amar para la eternidad.” 
Humildes nuestros espíritus, pero alegres nuestras almas, bajamos del altar hasta la plaza.
Unas sombras se acercaban; era noche.
Un relámpago brotó del firmamento y el cielo lleno de luces se abrió al camino de la eternidad.

Un corcel de mil campanillas nos llevaba, tirando de la barra de aquel coche y en el camino eterno de los cielos, de pronto un ángel del coche nos levantó y flotando como espuma de nubes ya que flotaron nos fuimos por los anchos caminos del eterno, donde no había envidias, celos ni dolores.

Me contaba ella y recordaba yo. Lejos el uno del otro habíamos soñado eso mismo.  La tomé en mis brazos, la acaricié un momento y luego la miré a los ojos.   Lloraba.  Era feliz porque ella cree en su Dios. Nunca más amor, nos separaremos. Tantas veces ya fuimos los amantes de otras vidas que esta vez hemos pagado con distancias y ajenos el dolor de haber sido tan felices en un mundo de cristal.  Nos juramos nuevamente amor eterno. Lo juramos ante Dios y ante las horas.

Y han pasado misteriosos de envidia unos días,  hay quienes han querido este amor destruir, pero el cielo en su eterna bondad  nos selló con la sangre de oro, y con el cuño de su santa bondad Dios nos dijo que somos eternos amantes, en esta vida, y en la próxima como en nuestra anterior y las muchas más que vienen detrás. Así es nuestro amor.
 Ahora un  ángel divino, sujetando en su mano, la trompeta que anuncia el Señor, toca a vuelo de tambor y campanas, la venida hasta el mundo del cielo la bendición de este amor que comienza en un beso a sabiendas muy bien que la amaba sin que abriera mis ojos a ver.
La amo, nos amamos, y solo en el cielo vivimos.