9 ene 2011

ANCLAS Y ARENAS (final)

ANCLAS Y ARENAS
Por
Gilberto Rodríguez

Era yo muy chico aun cuando comencé a soñar con el espacio que se
perdía de vista allá por los horizontes. Y me paseaba por las orillas
del mar recogiendo "conchas" y caracoles para regalar. A veces,
mientras mi padre realizaba sus labores en los almacenes de García, yo
iba con él hasta la puerta y, con mas inquietud que alas, me encaminaba
hacia el punto más saliente hacia el este del pueblo. Pasaba por la
casa de Juanillo el Isleño y más allá estaba el amplio arenal de La
Punta. Una especie de delta, de juez mediador, con su larga extensión
de estacas alineadas a lo largo de decenas de metros desde la orilla
hasta donde ya las aguas eran navegables, pareciera ser aquel limite de
los adioses, entre la salada bahía y las mezcladas aguas dulces que
bajaban por la desembocadura del rio, en busca del amplio mar, por
Casablanca.

Allí, en La Punta, solía haber una rica acumulación de ostras blancas,
sepia, violetas, multicolor y forma física capaz de satisfacer a
cualquier coleccionista hawíiano. Crujían, crujían, crujían, como
crujen los ejes de la viejas carretas solo que con chirriar de gaviotas.

Yo era el chico aquel que cantaba en voz baja mientras revolvía el
arena con los pies y merodeaba alrededor del ancla solitaria.

En la isla de El Salvador, punto saliente de Las Islas Bahamas hacia el
Este, hay sobre las arenas una vieja cruz de hierro que marca el primer
punto del Nuevo Continente que Colón pisara, tras su larga navegación
y su afortunado encuentro con las gaviotas. Tal vez nadie lo planeo así;
es muy posible que fuera solo una casualidad...o una honrosa tradición
marinera. No lo sé.

Tampoco se quien planto el ancla en nuestro arenal, pero hay una
similitud de posiciones que llama a pensar y a discurrir.
Pero lo cierto es que aquella ancla, erguida sobre sus ganchos,
recostada a su pendular cruz, una de esas plegables, debía haber estado
bajo el agua por mucho tiempo. Las cicatrices en su brazo estaban
selladas por cascos de ostras disecadas por el tiempo, y su rojo color
de herrumbre contrastaba con la blancura resaltante de esas ostras.

Yo la tocaba. Con amor la tocaba mientras la curiosidad me llevaba a
hacerle preguntas. "¿Dónde has estado?" "¿Que otros mundos hay más allá
de Cayo Cristo?" "¿Cómo lucen las sirenas del Mediterráneo cuando
cantan nadando por las agua de Grecia?". Y aunque a veces me saqué
alguna gota de sangre de las manos al acariciar la querida ancla, no me
quejé jamás, por que compartía con ella el afán de distancias, la cita
con las soledades, la visión del "allá". Y un día pregunté...

"¿De dónde salíó esa ancla?"

"De un velero muy grande que se perdió en el mar bajo una tormenta hace mucho
tiempo."

"¿Y, como llego hasta aquí?"

"Un buzo isabelino la rescató y la hemos traído aquí y por monumento a los que en mar
quedaron, y queden en el futuro..."

No escuché el resto de la historia… Me alejé llorando en silencio, a unos pasos de
distancia. Recogí uno gigantescos caracoles de cobos bien rosados, como una docena recogí.
Después llevé uno a uno los vacios y hermosos caracoles y los puse
contra los puntas del ancla como formando entre un circulo y un corazón
en el arena. Lloré más aun...y mojé con mi rostro pegado al duro
herraje las herrumbrosas ostras y moluscos.

Mire hacia la boca del rio, en dirección oeste, luego me volví para mirar
hacia los muelles, por el noroeste....Chalanas, goletas, yates,
vapores, acaso anclas futuras para plantar en algún puerto lejano, o
aventureras velas que un día se hincharán para salir en un viaje de
cuento de hadas...Madres sin hijos, esposas...

Me deje caer al pie del ancla. Pensé en los marinos que nunca llegaron;
a los veleros que mueren de vientos, y a los que quedan detrás. Me
recosté a ella. Le pegue mi carita y le acaricié su brazo, como se
acaricia una madre, como se hunde uno en el pecho protector de su
padre.....
No se cuanto tiempo dormí, no lo sé.
Pero por cada puerto que pasé durante mi vida en el mar, quise buscar
el ancla solitaria de las puntas, que los puertos tienen puntas cuando
se trata de navegantes y aventureros, y aun hoy, cuando veo por el
satélite nuestra Isabela siempre miro hacia la Punta, como el que busca
el aire para volver a respirar, las luz para ver, el momento para
recordar.

Es la estampa que silente nos recuerda a cada instante lo fragil que es
el hombre frente a la Naturaleza, y lo noble que es nuestro pueblo que
se inclina ante el recuerdo de los que, por venir a el, perdieron.

El ancla de la punta es, pues, a mi ver, la cruz del que perece, y el
anuncio de nuevas aventuras.
Es una Estampa Isabelina.

Gilberto



8 ene 2011

EL ZAPATO DE MANUEL ROJAS


EL ZAPATO DE DON MANUEL







Era Manuel Rojas uno de esos estibadores que tenía la Isabela en su puerto, oriundos de distintas partes de España que parecían haber sido seleccionados por la Madre Naturaleza por su enorme fuerza ycorpulencia. Era Isleño, como los cubanos, hijos de una isla llamamos a los hijos de las Islas Canarias. Dicho sea de paso, Las Canarias y Cuba, geográfica e históricamente han sido siempre y serán, las dos patas del puente más corto entre La Madre Patria y la Hija menor, a su vez puente y portada para llegar a las hijas mayores de España.


Don Manuel Rojas tuvo una amplia prole, era muy querido y respetado en La Isabela...y tenía una chalanita de unos 16 pies, con que pasaba sus horas de ocio pescando frente a los Muelles de Alfert. Empacaba,como tantos otros pescadores, su botella de agua, su cachimba, hoja de tabaco, y algo de almorzar, tempranito al amanecer. Se hacía a la mar y, remando, se iba hasta un punto más o menos de 800 metros al sudoeste del Muelle de Alfert y Cia. Echaba su potala (una placa de acero que en su tiempo había sido parte del freno que sujetaba una rueda del tren de ferrocarril, ahora desechado por uno más joven, como pasa entre los humanos) y echaba un par de piticas por la borda.
Como no vivía de la pesca, ni tenía prisa, cargaba la pipa de tabaco en rama, prendía el fósforo, echaba unas bocanadas de humo, y se acomodaba entre los asientos del medio y la popa a descansar. "Ya picarán", se decía. Y de vez en cuando algún curbino extraviado o unas salemas vírgenes se cruzaban con su anzuelo y servían de cena al buen hombre. Si no se pesca hoy, siempre hay un mañana...y tal vez un buen serrucho para hacer un escabeche se acerca por aquí.
Y los días, meses y años desfilaban holgazanes por la bahía, como pasan las olas de arena en el fondo, cuando las corrientes cambian de orientación. En la Isabela todos nos conocíamos por generaciones. Y Don Manuel y sus constumbres eran, como tantas otras, una mampara asentada sobre el horizonte del puerto.Hola, Don Manuel!!! ¿Pica o no pica, Don Manuel?


Ahí, ahí vamos... con su voz lenta, asentada, poderosa y gentil. Prendía la pipa de nuevo y de nuevo se echaba a dormir o, tal vez, a meditar sobre el futuro del mundo. Allá en el pueblo su amplia familia se movía en todas las direcciones y actividades. Don Manuel Rojas tenía razón de estar sereno, buenos y luchadores hijos e hijas,una esposa muy bien querida de todos y una magnífica y grande casa en el centro del pueblo que garantizaba la estabilidad familiar por los tiempos porvenir. Cuba le era noble regazo a Don Manuel, y La Isabelaera uno de los puertos más activos de la nación cubana. Siempre había trabajo y empleo. Y además, ahí estaba el mar. El mar con sus enormes riquezas, y las aguas alrededor de La Isabela, tan rico en todo tipo de productos, pescados, moluscos, ostiones -!Ah, Ostiones de Sagua!- entre los mejores del mundo, no ya solo de Cuba. Nadie se acostaba sin comer en la Isabela, aún en los peores tiempos de su existencia.

Pero la Vida es chistosa. Y nada es perfecto ni eterno. Y hay tiburones.Muy raramente se ha oído a un isabelino quejarse de un tiburón...aunque hay leyendas.Nunca se oyó a Don Manuel Rojas contar una fantasía....pero hay sorpresas también. Y he aquí una casi chistosa. No les he contado que Don Manuel usaba zapatos altos, de cuero, amarillo. Acostumbraba aflojarles los cordones pero sin quitárselos de los pies. Y luego, echaba una pierna sobre la borda, costumbre de pescador, y hasta a veces, como los chicos, hacelos danzar sobre la superficie del mar. Divertido e inocente pasatiempo del marinero de bote chico. Pero un día......Un día Don Manuel salió en su chalanita, hizo todas sus ceremonios de acuerdo con su propio manual de operaciones pesqueras, como lo había hecho por más de 40 abriles. y se echó, al mediodía, bajo aquelcálido sol de la bahía isabelina, su siestecita. Pero....

!Guay de mi, Sancho!-este es mi día.Como esos chicos que llegan corriendo de la escuela felices de regresar a casa después de un día metidos entre los pupitres en la escuela y encontrarse que papá vino temprano del trabajo hoy y está durmiendo su siesta.....!Blam, blam, blam! encima de papá cae la tropa alegre sonriente, feliz. Ah, pobre siesta, digo, pobre viejo...

De pronto, un tirón salvajemente sobre su pie izquierdo: !Rayos, que eso duele!De un salto el lento caballero se incorpora y mira al mar.

Alegre y retozón allá iba su zapato nuevo.... amarillito, todavía embetunado por el peletero que se vendió.. Como se divertían...corriendo tras del zapato...

Tres o cuatro cazones ( tiburones jóvenes) se disputaban la presa que le habían arrancado del pie a Don Manuel.

Mi zapato endiablados tiburones.........
La noticia corrió de boca en boca en La Isabela como si un terremoto hubiese atacado a un curro sobre una mata de coco.... si esas cosas pudieran un día suceder.


Y los isabelinos, y Don Manuel en particular, con su particular hábito de entonces me dio pie para esta Estampa Isabelina.

GILBERTO F. RODRIGUEZ
DERECHOS RESERVADOS

7 ene 2011

TU NUEVO AMANECER

21 Octubre 2009

TU NUEVO AMANECER

> General, Poesía — Gilberto @ 5:06
Toma, arráncame el alma, sacia tus ansias de ir
a las fuentes del odio y la venganza a beber;
chilla a las aves y al viento
y corre por entre las malezas sin sentido,
sin oriente, sin saber.
El rencor es tu sino.
Mas, yo te pregunto, ¿por qué?,
¿No son acaso más frágiles tus sentimientos
que los blancos copos de la nieve
y más variados sus coloridos
que las alas de las mariposas?
Vamos, mujer;
que la brisa al soplar tus cabellos te embellece
y la blancura de la niebla te hace de fondo para el retrato.
Pretendes que no amas y sufres por falta de amor;
cantas tus cuitas y reclamas castigos
a quienes te aman al tiempo que lloras
en el silencio de tus noches solitarias
tu cadena de abandono.
¿Qué, es que acaso piensas que al herir a quien te ama,
llenas algún rincón silente de los mares?
Despierta, mujer, que esas lágrimas que humedecen mi pecho,
de tus ojos nacieron.
Mira al espejo. Mírate bien.
Eres bella, eres noble y eres joven aún…
El odio envenena el alma,
la venganza es solo de cobardes
y el rencor recarga los sentidos del que lo siente,
que no del odiado.
Ven aquí, siéntate un minuto y mira a la distancia.
Bebe. Bebe de esa copa que he sentado ahí, para tu deleite.
Bebe de ella. Bebe y mira al mar.
No, no tienes que hablarme si no quieres,
solo descansa.
Mañana llega una sola vez, espéralo tranquila.
Mi barco estará lejos, el ancla me la llevo,
el puerto que me dió amuellaje quedará en tus labios
y las penas que ahora me cuentas, las contarás al otro
y un nuevo amanecer de traer ha, un nuevo marino.
Ni odio, ni recuerdos ajenos le interesarán,
solo tus caricias a precio convenido y las anclas a levar.
Si el traidor que te ha herido vive en tus angustias,
échalo por la borda, suelta lo pesado,
bebe de esa copa y piensa en el amor.
Y si es que contra los hombres quieres de algo vengarte,
de nuevo te digo:
Toma mi alma,
desgarra mis quimeras,
hiere mis sentidos,
clávame el puñal!
Luego regresa aquí,
bebe de mi copa,
mira a las distancias,
contempla las nubes,
tal vez te visite una esperanza
o en sirena junto al mar te conviertas.
Disfruta entonces satisfecha de las horas,
ama sin condena,
entrega una vez tu orgullo a la corriente
y dile a quien te mire,
“Soy mujer y amor”.
Ahora brindemos por ti
por tu nuevo amanecer,
por tu “libertad”
Y también brindemos por que te conocí

5 ene 2011

ESCUCHA MI SILENCIO

ESCUCHAME
Por
Gilberto Rodriguez

Déjame escuchar el silencio de mi voz callada;
Déjame nombrarte con mi voz sin ecos,
Mírate en la fuente peinando las trenzas
Del atardecer cual niña mimada.

Mírate en la luna
En la madrugada,
Corre por los vientos allá en la montaña…
Haz como te plazca, te divierta y rías
Pero en silencio estar un rato a solas…
A solas conmigo, con mi espíritu, con mi ego,
Con mi silencio.

Quiero estar en el silencio exterior
que no comprendan
Para que el ruido extraordinario de la cascada
De mis pensamientos
Ruede y ruede
Montaña abajo
Y me permita
Caer, vivir, soñar, correr, agonizar
Y por sobre todas las cosas
Que me permita estar
A solas en el silencio conmigo.

Allá afuera retumban
Nefastos tambores de lucha
En su eterno correr
De vaivén de ola humana
De ambiciones y molicie,
De placeres y feudos,
De risas a costa del alma
Y de melodías que buscan
Emocionar carreteras.
Pero aquí,
Aquí en la soledad de mis adentros
Vive un caudal de voces,
De emociones,
De sueños,
De ideales,
De colores,
De sonidos,
Historias
Y horizontes…
Aquí dentro estoy -¡mejor aún-
Quiero estar
A solas conmigo.

Al fin y al cabo
Que yo vivo
Como aquel del Gran Guignol:
Riendo en el escenario
Y solemne en el interior.
Me gusta la multitud
Pero en medio de ella
Estoy muy solo.
Más no con esa soledad
Que a los hombres tanto asusta,
-¡porque hay que ver cuánto temen los hombres a la soledad!
¡No yo, no a mí!

A mi la soledad me permite
El privilegio de reunirme
Conmigo mismo
De vez en cuando…
Mirarme al espejo
Del alma…
A veces soñar…
Y a veces, también
-¿Por qué no?-
Volver por un rato
A ser un poco niño.

Si cantas entre las montañas
Oirás tu propio eco al retorno
Porque las piedras
Te harán reverberante coro.
Y eso es hermoso.
Pero si cantas
En el silencio
De tu soledad interna
Tendrás por espectador a tu propio ser,
Y nadie podrá repetir tu melodía
Porque al silencio nadie lo copia.

Y no es lo del ermitaño
Que se refugia
Que se refugia en la caverna
Para huir de la sociedad;
Del recluso,
Que huye del mundanal ruido
Porque siendo muy parte de aquello
De que se aleja
Quiere evadir la responsabilidad
Social que convivir reclama.
No; nada de eso.
Esas son cosas probablemente enfermizas.

Cuando yo estaba en prisión
Lo veía a diario
Y en las películas
Siempre lo enfatizan,
El castigo que impone el carcelero:
“Reo, a confinamiento solitario.”

Yo, en mi absurda vida
Sentía cierta paz interior
Cuando me imponían la soledad.
¿Loco? Tal vez.

Más…
Cuando estaba a solas tenía
Mi propia compañía…
Era mi propio compañero de celda.
Me miraba a mí mismo,
Me hablaba sin palabra pronunciada,
Me aplaudía y me criticaba.
Mantenía mi exterior
Visible en paz y sereno…

…mientras que en la entrañas
Trinaban las aves,
Molían los molinos,
Avanzaba el bien
Y se enhebraban
Agujas con sedas,
Y oro para un futuro mejor.

Y cuando me he pasado de tonto
Mi ego me ha criticado,
Cuando he querido
Soñar demasiado
Mi propia mano me ha dado
La proverbial bofetada
Que nos devuelve a la realidad,
Despertándonos
Como cuando
Hablando tonterías
En medio del nocturnal sueño.

¿Quién puede tejer la trama de una novela
Sin quedarse a solas con sus personajes?
Si me ven solo
Estoy con ella,
Estoy conmigo.
Estoy en vela
Soy mi propio amigo.

4 ene 2011

TRES BESOS

Don Gilberto 28 de diciembre a las 12:29
TRES BESOS
(Poema)

El primero beso que nunca nos dimos
colgado del cuello lo cargo como en un sagrario,
y aunque todos los demonios quieran lo contrario
lo guardo, lo cuido, y te lo ofrezco....sí, ese mismo.

El segundo beso que tengo en mis labios sedientos de ti, te ofrezco
de rodillas hincado ante el altar de la vida
¿No ves, que en mil pedazos, anda mi alma herida?
Aunque se que no te merezco.

Y hay un tercer beso
ese beso que nunca yo tendré
y estoy sufriendo por eso
porque ese tercer beso
de tus labios tal vez nunca tendré.

Son tres besos, tres besos solo son
el que viene, el que va, el que baila al dulce son
de las guitarras de cielo y los violines del jardín
es que mi vida para ti es un jardín
y sin ti anda `por el suelo....

Mis Noches paso pensando en ti
y me desvelo
ríos, canales, mares y ventizcadas
todos pasan por mi mente
pero nada, nada pasa tan candente
como el pensar que te quiero
¿Que quieres, divina mujer? Por ti me desvelo
la noche se me hace larga
la vida asi es muy amarga
y por qué te amo así no lo sé.
Tú has dicho, y has dicho bien
que en el corazón nadie manda;
pero tengamos o no razón
a corazón nadie lo calla.

El mio grita por ti
la calle y el mar no me llaman
me llaman tus labios
tus labios que con mis besos
me gustaría llenar
pero si nunca volverás a amar
a pobre vida tuya
porque tuya ya es mi vida
solo vivo para
en esta distancia querida
mi voz distante te arrulla,
como arrulla la paloma
desde el alero de techo
yo te elevo más que eso yo te arrullo hasta en el cielo.

¿Que por ti vivo y me encelo hasta del aire que aspiras?
Si, te busca en todo mi vida
te entrego al soñar mis ansias
y me acerco hasta tus pies
para dejar otra vez
junto al dios a quien por tu amor rezo
un rosario, un crucifijo, un amor puro que es
el que llevan mis tres besos.