23 feb 2011

AMANECE EN LAS TINIEBLAS

AMANECE ENTRE LAS NIEBLAS.

Y allí, en las distancias estás tú, reina y señora;
Dueña de mí, dueña del cielo
Sirena en los mares, luz de mis auroras
Libélula en el jardín de mis sueños,
portadora  de  mis besos…
misteriosa  encantadora  de los peces, las aves y las flores
Dueña de mis ilusiones
de  mis noches, de mis versos.......

Allí estás tú
junto a mi pecho
deshojando  una florecita que te traje del camino
y  pidiendo a cada hojita uno, dos, tres mil besos
adivinando  este destino
que  nos llega por derecho....

Hemos pagado las cuentas del reino de las tinieblas
para llegar a las olas cargados de aguas nuevas
y dejar sobre las rocas el beso de tus sonrisas....

Somos el dolor y la risa
las montañas y las cuevas
somos  vida, sueño, dolor, placer y ternura
somos  la pareja pura
que  el cielo puso en la brisa
cuando  creó las caricias
los  besos, las cosas lindas
 y las colgó como guindas
para  que tus labios besen
por tus ojos merecen
los  más sutiles, mis besos
sabes  que muero por eso,
Reina y señora del alma
sin ti no encuentro la calma
mi vida nada en tormenta
y ya he perdido la cuenta
 de las caricias que llevas
en tu corazón y nuevas
que ahora mismo te daré,
para que cuando vuelvas
Reina de mi cielo sepas
que te quiero con el alma

16 feb 2011

AMORES INCOMPATIBLES

AMORES INCOMPATIBLES

Por
Gilberto Rodriguez

Los más grandes amores son destruidos a veces no por otra razón que de las opiniones filosóficas, políticas y sociales, o formas y conceptos que los amantes observan sobre algunas cosas o actividades y asociaciones de sus vidas y relaciones con otras personas en su entorno.  Los participantes en una sociedad han de adaptar sus vidas, creencias y opiniones al menos en algunas partes, y hacer ciertas concesiones al otro si es que la relación ha de durar.  Pero cuando estas cuestiones llegan a un punto donde por alguna razón de fondo se presentan situaciones tales que las hacen irreconciliables, no hay amor por grande y profundo que sea que pueda sobrevivirlas.  Y la razón es simple, si las acciones de una de las partes, basadas en su forma de pensar, educación, condiciones sociales, políticas, económicas, legales o simples caprichos llegan a ser tales que vienen a resultar en conflictos demasiado fuertes por alguna razón para sentarse a razonar amigablemente, hay poco que se pueda hacer para evitar que esto trascienda a las relaciones de entre amantes.  Y es entonces ahí donde aún sin haberse cometido un acto de infidelidad o desamor de ningún orden, decimos que hay traición, engaño, deslealtad, y una miríada de barbaridades sobre lo que fuera hasta ayer una amor. Y entonces el debate se sale de los límites de una relación de dos, a la palestra del debate social y de las páginas chismosas de algún magazine de modas.
Yo he conocido casos miles. Los tribunales están llenos todo el año de esos casos hasta ayer tenían ribetes de cierta sublimidad y hoy se nos aparecen recargados de odios, celos, rencores, recriminaciones  y de amigos y familiares y abogados que lejos de ayudar, y esforzarse en trillar nuevos caminos prenden y azuzan las candelas de las bajas pasiones. Y el que tenga las manos limpias que tire la primera piedra.
¿Por qué puede suceder esto y por una de cualesquiera de cientos de miles de razones destruirse un amor, y hasta un gran amor?  Muchos libros se han escrito sobre este tema; miles más se escribirán, pero aquellos que se están ahogando en el mar tras el naufragio de sus vidas poco uso han de tener para una nueva clase de natación en su club nocturno.  Y el que no tiene ese problema tampoco tiene mucho uso para esa clase, como no sea para disfrutar del placer mientras vive feliz.
Yo he disfrutado los placeres de ciertos amores que han tenido matices de oro, marfil y diamantes; yo se que hablo.  Y he tenido que enfrentar ese monstruo indomable de la soberbia propia y ajena ante una diferencia de una simple opinión. Y tenido tanto as felices como las míseras experiencias de ganar o perder un buen amor por una causa sin valor, que de todo hay en la viña del señor. Y ¿Quién ha sido el o la culpable? ¿Qué más da?  El daño que en estos casos hacemos, el dolor que mutuamente tanto el que tiene la razón como el otro nos infligimos dolores, torturas, ofensas y a ambos las heridas se nos profundizan más con cada palabra que añadimos una vez comenzada la apertura del foso insondable del dolor de una herida de amor.  Nada duele tanto dicho por cualquier persona, como la más leve de las ofensas pronunciada por la boca que mucho hemos besado.
Para muchos la sola razón de una ruptura amorosa y de una infidelidad es el adulterio consumado. Para la mayoría de las gentes el concepto es basado en la religión que hace del contrato matrimonial eclesiástico la razón de ser del amor de la pareja.  Falso concepto establecido por siglos con el solo propósito de la iglesia de mantener el control sobre la ciudadanía y de cada ser humano en particular, viejos y abusados conceptos e ideales con se ha mantenido una clase dominante de los que controlan la iglesia y la vida entera de la sociedad por el método más simple de todos; la confesión y entrega.  Pero ya ese es otro tema para otro día. Por hoy baste con mirar a un punto en las asociaciones entre personas de y por lo que llamamos “Amor”.  Y claro, al decir esto me alejo de eso que ahora se estila que ahora “se hace el amor”, porque todo está industrializado y comercializado, peo que a su vez está influyendo en una nueva visión, que por iniciarse ahora no deja de será la más natural de todas las cosas y acciones que hombre y animal han hecho, hacen y harán hasta el día final, que es que las relaciones carnales son silvestres, del bosque, del rio, del instante, y de ahí que los compromisos “eternos” fallan y la muchachada moderna es flor de una día
Que no sabe nada de amor, por eso “hacen el amor” para aprender.  Y yo no pretendo saber si aprenden algo porque las quejas se oyen de que “no duran”…  Vaya usted a saber si dos que se unieron una noche, un mes o siete días en un crucero, si se hubieran vistos obligados a dormir junto a ese otro por el resto de sus días en la tierra que habría de pasar.   Pero también aquí hay mucha tela para cortar.  El amor grande que es demasiado pequeño para resistir los embates de una tormenta de opiniones opuestas. Creo que pocos somos los que ante esas situaciones poseemos las habilidades y estaos dispuestos a sacrificarlo todo en nuestras existencias para mantenernos unidos y amando. Pocos somos, menos podemos. Yo el primero; yo el que menos; yo el menos apto para hacerlo. El honor, el orgullo, los pruritos sociales y el ego son nuestros propios grandes enemigos en casa dentro del pecho de cada uno de nosotros.   Y solo nos distinguen nuestras capacidades o falta de estas para usar ese vocabulario soez que siempre aflora a los labios del más culto al igual que del más torpe.
Yo he sacrificado un gran amor alguna vez. Yo hablo de experiencias propias. Cada uno de nosotros al deambular por los caminos de la tiene y va adquiriendo conocimientos, experiencias, tanto malas como buenas, creando, asociando y alejando, riñendo y acariciando y gozando y sufriendo. De ahí nuestra cultura, sabiduría, capacidad para vivir y enseñar dulzura cultivada para amar así como férreas opiniones para atravesar los caminos anchos y estrechos que el bosque nos permite penetrar.  Tengo amigos muchos y enemigos algunos también. Los enemigos se quienes son porque me persiguen y me atacan… a mis amigos no los conozco todavía. El último que tuve me sentenció a muerte por fusilamiento en pago por recibir en mi cuerpo las balas que habían de asesinarlo.  Fiel amigo de cierto.
Mientras que hay personas cuyas creencias les llevan a tener esas amistades que se intercambian hasta los pañales del último bebé.  Y no sería mi problema que Pepa y Pupa se repartan sus secretos mientras no mezclen mi vida en sus confidencias…   Más, cuando la vida que es mi vida, la razón de ser quien soy, la historia que avala mi existencia, no esté guardada en un cofre en mi tumba y exista esa confianza y amistad errónea basada en incomprensibles códigos de amistad, ni yo, ni un Jesucristo resucitado podemos sentirnos envuelto en una relación de amor puro, de un gran amor.
¿Por qué? Pues simplemente porque las razones que  son clamadas para tales condiciones, residen fuera del más simple de los conceptos de lo que es amor, lo que es lealtad y lo que es ser una persona adulta  y capaz de razonar.  He ahí la incompatibilidad social destruyendo un gran amor.
Nada tiene semejante situación que ver con adulterios, edades, incapacidad humana, falaces engaños ni ausencia de amor; Y, sin embargo, es ese uno de los grandes destructores de bellos sentimientos…   He ahí la puerta por donde se elevan los egos, se crispan las soberbias, y se pierden en la maledicencia, el odio y la maldad grandes amores, seres que se aman; virtudes mancilladas.
 Pero hay personas que jamás cederán una pulgada ante la razón y la verdad ni el amor, si para ello tienen que abandonar aquello que se les antoja que es absoluto derecho suyo en nuestros casos. 
Luego cabe preguntarnos.  ¿Cuán fuerte es en realidad este gran amor mío?
Yo no pretendo saber y confieso que no lo comprendo, por eso, lectora amiga yo te pregunto una vez más. ¿Cuán fuerte es, cuánta pureza tiene un amor que se desgrana ante la diferencia de opinión cual mazorca de maíz seco?

14 feb 2011

TARJETA DE SAN VALENTIN

DEJA QUE TODOS SE ADULEN,
 DEJA QUE SE DIGAN COSAS DE TARJETAS DE CARTON PINTADO.
Tanto tú como yo sabemos lo que es el amor puro.

Hoy, por que la sociedad se divierte mercando el amor como una candileja perdida en el arrabal en medio de un dia de festejos carnavalescos, y ni es el amor, ni es la diversión es la fantasia comercial; he buscado un rincón en una caverna debajo del mar, alli donde sola las sirenas y los espiritus del reino se acuclillan para libar una gotas de la esencia,  del espiritual correr de la sangre,  de los dioses alejados de la tierra, para los que hemos amado y amamos y estamos sintiendo en nuestros cuadriles las quemaduras del hierro que marca las almas como reses en el potrero, y alli estoy sentado a la vera de un candil que se extingue a la vista de la maldad y se aviva al sentir de la pasión de los puros. Es sereno. Un violin en la esquinita del cielo nos seduce a soñar un poco más y una ténue voz de niña buena tararea una tonada de años idos.

Te invito. Ven y acompáñame a soñar desde aquí abajo del mar en el silencio de las almas que aman puras. Ven, amiga, siéntate a mi lado, como mi pequeña hermanita helada de frio por las tormentas. Ven, siéntate a mi lado, toma mi hombro. renclina tu cabeza en el, yo te sostengo. No temas ya, yo te protejo, estos seres que ves aquí son mis amigos, son bellos porque han pasado este, el tuyo y el mio, el camino de los sueños, el camino de los que amamos y no encontramos sosiego ni se nos calman los sueños. Anda, no temas enfrentar esos sonidos, que son y solo son la olas que danzan en las torres y los aires de las novias con sus velos, inocentes que van hacia las coplas; esas coplas que nos cantan al oido el dia del carnaval de las promesas, los deseos y las mentiras. Ven, por favor bebe de esta copa que es muy tuya el nuevo vino, y canta con nosotros este himno que se lo escribí un dia lejano a una sirena que lloraba a la orilla del riachuelo. Ven, amiga, descansa de una vez. No cantes si no quieres, ama en silencio; los mudos también aman.

Pero siéntate a mi lado y déjame que te acompañe mientras tú al tiempo me acompañas a mi, viajemos como hermanos al amor.






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    LA PARADOJA DE LA VIDA
  • 12 feb 2011

    MI ARAÑITA PESCADORA

    MI ARAÑITA PESCADORA

    Por
    Gilberto Rodriguez



    Una vez me senté a la orilla del bosque, a contemplar las arañas. Yo tenia el hacha en la mano porque había decidido cortar un árbol para esculpir en su tronco una estatua con la figura de la mujer que decía amarme y que me buscaba. Pensaba como en la vieja historia aquella de"El Carpintero Narciso. ¿Alguno recuerda esa? Probablemente no." No me gustaría, me decía yo, que un dia este amor se acabe o ella se me muera y quedarme solo sin una doble. Claro, mejor sería una doble real de carnes firmes. Pero el rocío lucia sus perlas matutinas en los pétalos, en las puntitas de las hojas y en los tejidos de las telarañas.

    ¡Ah, qué bello amanecer este de hoy! Aquí, en mi rinconcito del bosque, solo físicamente, pero acompañado de mis sueños, mis recuerdos, mis amores...

    Una diminuta arañita, de esas que viven en la tierra, nada alto, simplemente la tierra, pero que quisieran como tú y como yo llegar al cielo, con sus agujas tejedoras mojadas por las aguas del rocío tejía, tejía, tejía incansablemente sus redes tan pequeñas. Porque a pesar de ser tan chiquitica tenía un apetito voraz que confundía con la grandeza de amar. Y tejía más.


    Muchas chicharras y hormigones a veces al pasar destruían su red. Y un abejorro insolente un día se le apropió del silencio. Pero decía ella, él no me toca, él es mi amigo, él me limita, me maltrata pero está enredado en mi red y nos juntamos para vivir el eterno. Y eran dos infelices felices, que para cosas complejas las abejitas fabrican sus panales y los llenan de miel. Moscones y los abejorros revolaban tranquilos porque sus redes eran tan endebles que fácilmente se las podían romper y escapar. Mientras que algunos otros le hacían burlas porque ella quería tejer una red que le tapara el sol de los ojos al mundo, mientras el sol la alumbraba enterita ante las hormigas que recorrían los alrededores.

    Cuando pienso en la pobre arañita me una da honda pena en el alma. Tan buena, tan noble, tan generosa y tan ingenua en medio de todo. Todos en el bosque me quieren. Confundiendo el amor que ponía en tejer esas redecillas que al llenarse de gotas de rocío parecían collares de perlas para el cuello de una princesa encantada con las verdaderas perlas que residen en las ostras que vienen del mar, y careciendo de mejor conocimiento del que nos trae una copla, confundió al marinero con la ostra, al abejorro con la hormiga y al príncipe de la historia con las lombrices del vertedero.

    Y comenzó a sentirse reina cuando la perlas del rocío más brillaban bajo es sol. Pero tenía una patita muy lenta. No podía apenas andar, porque de los viejos cienos de la tierra recogidos llevaba un poco pegado a su piel, y no quería despejarlo. ¿Amaba el cieno?
    Decia que no, pero regresaba sobre las ramas para recordarlo a todos horas. y aún en los momentos de amor más delicados con su amante.

    Y sus ojos vagaban por el espacio en busca de otros rumbos, otras moscas, otras aventuras. ¡Ay, Señor, que injusto eres! ¡Pobre mi arañita! Quería ser flor, ser princesa, ser mujer. Y tenia las más bellas, las más grandes la más extraordinarias cualidades para ser la reina de las arañas...pero como Dios no hizo nada perfecto, le negó el entendimiento y le impuso un mal carácter, volátil como el éter. Y esa fue su condena. Cambió de árbol y de rama, cambió un tilín las formas del tejido y recogió flores del camino con la ayuda de una hormiga para decorar sus redes...pero olvidó que hay otras arañas que tejen mejor aún. Y un buen día se quiso elevar, y al confundir los niveles,lejos de subir a la montaña descendió a los fondos... y se fué a posar a la orilla del mar y echó sus redes al agua.

    ¡Ah, Dios! ¿Por qué haces esas cosas si solo es una pobre arañita tejedora? Se engañaba la pobre, en el mar hay muchos tiburones, no solo sirenitas y sardinas. Y también hay mil ballenas y anguilas resbalosas y un sinfín de otros moluscos que no todos crean perlas. Y se le rompió su pequeña redecilla al primer intento de pescar.

    Y un dia una voz de esas que ella pretende que unos dioses de piedra y de metal le hablan, le puso una piedrecita en la mano que ella depositó en un ostión para tenerlo cual perla colgado, pero no en el cuello, si no a sus pies...pero la piedrecita traía escondida, traicionera como son esas cosas, no el espíritu del amor, sino el odio ante Dios. Y las brisas del mar venian frescas, pero para ella que de vientos no sabia y del mar mucho menos, las confundió con tormenta y se encerró en una ostra como si la piedrecita ella fuera. Y allí me quedé yo por largo rato mirando.

    Se me olvidaron las brisas, se me callaron los versos, se me enterró una grande espina en el mismo medio del pecho, porque quería salvar a la que ahora era, decía ella, mi arañita por siempre...pero que en realidad no sabía tejer. Sus redes, una y otras veces verdes o gris, de aire o de agua, con perlas o miel, solo le forman el collar en su propio cuello con falsas perlas que no son ni siquiera piedras mal talladas. Y se enojó mi arañita. ¡Sí, porque decía que era mía! ¡Mía hasta la muerte y aún más!

    ¡Pobre de mí! A veces me tengo que reír de mis propias narices...
    No, no es que me aturden las horas, ya un día lloré por ella, porque se había escondido y ya me estaba acostumbrando a su presencia en el filo del bosque. No, ahora no; ya no más. Ya he visto todas sus redes, he probado todas las medidas de sus mallas y la he elevado con mis propios alientos a lo más alto de las copas de los árboles del bosque...

    Pero ahora quiere volver y echar redes en el mar. ¡Pobre mi arañita loca! No sé por qué Dios nos hace estas cosas. Perlas de rocío bellas son al prisma de la luz, pero perlas no son. Ni redes de gelatina para pescar sirven jamás... pero las ilusorias luces boreales tienden a confundir a los que por algún momento las vieron, porque no entendiendo a la luz, se creen que el reino de los cielos y la tierra son suyos, cuando solitos sin abrigo en la noche polar a lo mejor están muertos de frio y la búsqueda del calor les enturbia la mente y les hace pensar que desde allí son los reyes del mundo y que todos los hombres deben morir a sus pies.

    Me alejé del bosque, sin cortar el árbol, ¿Para qué?
     El monumento que intentaba elevar, la figura que queria esculpir, el tronco en que queria tallar, la única de entre las auroras mias, se desvaneció en el aire,
     se evaporó por frágil, se creyó diosa siendo un tan endeble animalito
    de esos tantos dioses en los cuales ella cree.
    Me apena su soledad de hoy,
     pero sé muy bien que no durará largo tiempo así.
    Por el bosque hay muchas alas y por el mar peces hay.
     Y ella sabe usar sus redes hábilmente
    para cazar insectos y pececitos incautos
    que vienen tras la gloria de la conquista de un manjar
    y terminan sus vidas sumergidos en el vientre de esta arañita sin piedad.

    11 feb 2011

    PROA AL FUTURO, MARINERO

    PROA AL FUTURO, MARINERO
    Por
    Gilberto Rodríguez

    Al subir al puente de mi nave vi esos ojazos que clavados en los míos desde el arenal del viejo puerto me seguían a cada paso. Hice una señal como un adiós no muy preciso y me interné en el puente y pegué grito: ¡Proa a la mar!  Pero en realidad debí decir, Proa al Futuro.  Porque del viaje que emprendo no regreso, ni hay puertas en baile que me admitan. Esta fiesta terminó en el odio. La luna mató una a una las estrellas y el sol opacado por la sangre decidió cerrar las cantinas de este puerto. De modo que no hay cantinas ni cafés. Todo está peor que muerto porque aquí no hay hospital ni cementerio. Nadie da el permiso para morir; viven zombíes.  Me voy.

    Voy a recostarme en mi butaca, a prender la cachimba de otros tiempos, a fumar aromáticos tabacos de Turquía, a beber el licor de las palmeras y a escribir algún verso lisonjero que le diga a la mujer cuanto la quiero…..¿A la mujer dije?     A la mujer he dicho. A esa preciosa diadema que los reyes del misterio colgaron a mi pecho, y que quiera que no así las amo.   Cultivaré mi jardín con sus rosas y claveles, y cuando la brisa sople en dirección de unos labios, enviaré claveles rojos y blancos, rositas melindrosas italianas, orquídeas y perfumes del oriente a las chiquillas soñadoras, de esos que llevo en las bodegas de mi nave bien cargada.  A ti también te dedicaré una rosa.
    Ya pasamos los arenales movedizos del canal y el anclaje del puerto se perfila tan distante como el sol.   Solo aguas y más aguas, aguas verdes, cristalinas azules y crestas blancas, los cabellos de una sirena me saludan, y me creo que soy de aquellos griegos que adulaban al fuerte y se asustaban de oír a una sirena en las rocas lamentar.
    Vienen ya nubes, la gaviota de las dos que Colón viera ya se alejaron y esta gaviota que nació fuera de tiempo se encapricha en andar en la punta de la vela.  Saltarinas y alegres sardinitas danzan y se agrupan al pasar y el mezquino tiburón se las comiera si no fuera que la rémora se anticipa a la jugada. Las olas también juegan como niñas en recreo a la hora que las deja la maestra.
    Y el aire puro y fresco de la noche me deja dormir a pierna suelta, si no fuera que el timón gira y reclama.   ¡Ah, sí; porque ya me había olvidado de mi, de mi rumbo en el mar bravo, de la proa, de la popa, del puente y del timón!
    Pero estoy despierto al final de este trágico camino que emprendimos mil siglos hace ya en un rincón de los cielos y pasó, que al llegar a la cantina de este puerto, la borrachera empedernida de mil muertos que cayeron en las guerras del amor, riñéndose en la cantina por la última copa de la noche al ellos querer cerrar, y se me enfriaron los motores y las velas estrechando se encogieron y hasta el gato perdió el último ratón del viejo muelle.
    Proa a la mar he dicho entonces y el velero se deleita danzando este waltz de las quimeras, de los sueños del futuro y de tus besos, incrustados en el pecho de la aurora, cual medalla de honor de antiguas guerras, en la que los honores eran risa, las palmeras de oro eran y el amor de una mujer un jardín, un templo una canción y todo era, cual racimo de uvas, -¿De veras!- que mis labios recibían de los tuyos  mientras mis brazos sujetaban tus caderas.   ¡Ah, sueños de marineros, contar de las sirenas, rocío del cielo que se desprende por tu frente mientras besas a marino,  en el marino azul del pensamiento.  Voy proa al futuro, mi proa parte olas y hace espumas, las rimas del verso se hacen dedos y tocan tus oídos, tus labios y tus senos al vaivén de cada ola de la nave del futuro que me lleva así muy solo, pero envuelto en mis sueños por amor, hasta el reino de los versos que escribí en la borrachera por tu amor.
    Anclaré mañana, llegaré a mi puerto, dormiré esa noche y soñaré contigo.
    Pero no lo sabrás