10 dic. 2010

MADRE HAY UNA SOLA

(Cuando las dos mujeres que clamaban ser la madre del niño vinieron ante Salomón y no logrando que se pusieran de acuerdo, ordenó el Rey traer al niño y cortarlo en dos mitades y dar una mitad a cada una de las dos. Solo una gritó desesperada:

"No, Señor; no lo dividan, dádselo entero a ella."
"Solo la  madre verdadera es capaz de sacrificar sus propios intereses para salvar a su hijo."
Sentenció el sabio Rey.

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MADRE HAY UNA SOLA

> General, Poesía — Gilberto

Cuando se acercaba tu Día, Madre, este día, me pedían que escribiera algo bonito para este maravilloso día dedicado a recordarte. Y quería hacerlo, madre; quería.

Solo Dios sabe cuántas cuartillas escribí para dedicártelas en este día….Pero madre ¿Tú me comprendes, verdad? Se me agolpan en el cerebro tus sacrificios, tu amores y dolores y tu horrenda muerte consumida por el cáncer de la manera más cruel que un ser puede ser torturado. Y, Madre, no he podido escribirte. Me miré en el espejo de mi alma, busqué los ojos del cielo, imploré a las alturas pidiendo ayuda, Madre, y cada vez más se nublaron mis ojos.
¡MADRE, MADRE, MADRE! Que palabra tan bella… tan bella eres que no hay dos. Madre hay una sola.
Y sin embargo a la mente se me agolpan tantas en este instante. Madre no tengas celos de las otras madres que en mi corazón residen, ellas son también un poquito madres mías.
Madrecita querida, mira. Llenos están mis ojos de sal, un mar amenaza mis naves del alma, me nublan las sienes, me aturde la inteligencia….y como si en caravana ante mis ojos del espíritu desfilaran a toda la madre veo. Aquellas pobres ancianas que subían a La Fortaleza de La Cabaña a ver a su hijo para encontrar a veces, solo un montón de carne ensangrentada…
y aquella que un día vio al hijo partir en una balsa y nunca lo vio llegar…..
Madre y ahora esa benditas mujeres, esas Madres que llamamos Damas de Blanco. Madre, si tu las vieras echándole flores al rio, dándole un gladiolo al enemigo y un beso a la tumba del hermano mío caído en el camino.
No, Madre; no he podido escribirte, porque segunse acerca el final de mi vida más aprendo a entenderte a pensar en que no fui un hijo ideal, en que muchas veces no te pude comprender como no comprendo aún muchas cosas de la vida….y me recuerdo fríamente, como si tallados en fino marfil fueran aquellas, tus casi últimas palabras que me dijiste cuando irrespetuoso te dije que ya yo era un hombre. ¿Las recuerdas tú, Madre?
Tú serás muy hombre por qué has crecido, porque sabes ganarte el pan y un día sabrás entender, que por mucho que crezcas, por muy hombre bueno, malo o regular que seas, nunca podrás cambiar la historia de tu vida o la mía.
^^^^^ ¡TU SIEMPRE SERÁS MI NIÑO! ^^^^^
Y ahora que quisiera madre, ya no puedo tenerte para decirte cuanto quise.
Esta poesía, “Madre”, la escribí el año pasado.
Quiera Dios que te guste aunque repetida.


Madre
Campo fértil de cultivo ajeno.
Tierra donde la simiente ajena es plantada.
Lluvia de placeres repartidos
a costa del propio dolor.
Silenciosa cómplice de nuestros secretos,
ama de las llaves de las puertas del templo
del perdón inagotable.
Templo de esperanzas y fuente de futuros.
Faro en la tormenta y casino en los festejos.
Hembra, niña, novia, esposa, amante;
hermana, abuela, amiga,…
Madre es siempre la última;
la que no se aleja, la que no falta,
la que no nos falla,
la que da mucho más que su todo
por darnos vida, salud, esperanzas y confort.
Que juzguen los puros
y quienes puedan sus pasiones;
que baje del cielo soledad o bendición,
que caigan y recojan sus alforjas
de experiencias las camelias,
las rosas y las tortolitas de papel,
junto a la estrella del mar.
Para que sobre el teclado de la vida
caigan dedos de ternura
que lleven los martillos de tu piano
a pegar con fuerza unida,
sobre las cuerdas del corazón de tu madre.
Mírate luego al espejo.
Y piensa.
Un instante.
Solo un instante,
de frenético placer pudo sentir.
Y la simiente germinante anduvo.
Y a cambio de ese mero instante
estás tú, frente a ese espejo.
Mira tus cabellos.
Ella los peinaba
y te enseñó a peinarlos.
Disfruta el color de tus ojos,
amplitud de tu visión,
el largo de tus piernas,
las uñas de los pies
y la textura de tu piel
Mírate toda, y todo;
mírate bien.
Y ahora, cierra los ojos
bajando los párpados exteriores
y abre los ojos íntimos,
esos que guardas en el mismo corazón,
y pregúntate en silencio, como si hablaras con ella,
¿Con cuánto y con qué te pago, MADRE?
Y ponle sobre la frente,
no importa donde ella esté,
a falta de una corona de reina,
el beso más dulce que jamás has dado.
¡Gracias, Madre!
Don Gilberto

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